Madre mía, lo que ha durado la fiesta. Se marcharon, dejaron las botellas de champagne medio llenas, las copas a medio vaciar y la redacción como un estercolero. Patatas fritas, panchitos, restos de langostinos, !joder que desastre!. A mí todavía me dura la resaca. El Jefe que si se fue a la luna con una botella de vinos, el cocinillas cagándose en la leche y diciendo que la política no tiene nada que ver con la cocina, el enjunto mojamuto de hospital en hospital dando charlas sobre la capacidad terapéutica del cianuro. No veas si habla el elemento ese, hasta agotar. ¿y las chicas?, ¿Dónde están las chicas?.
Pues como te lo cuento. Después de tantas ilusiones, tanto comerse el mundo, tanto se van a cagar los politiquillos, van y se dejan el panel de control abierto. Me acerco y toma, mi momento de gloria. Total, para volverme a Valladolid, ya tendré tiempo. Si mis padres llaman, les digo que estoy reclamando la mitad de la beca, que estos elementos todavía no me han pagado. Si es que lo de los periodistas no da ni pa las pipas.
Pueblo de Pinto, tiembla que ha llegado el becario. Osea mi menda. Mientras los jefes no digan nada, yo aquí pegado a mi sillón de control y el que se acerque me lo como. Mucho contaré de este pequeño municipio y mucho os sorprenderéis. Por que nada es lo que parece, ni nada parece lo que será.
A....dios.
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