La satisfacción sexual se obtiene de maneras muy diversas. Conozco todo tipo de contactos, anales, orales, vaginales. Allí donde hubo posibilidad de exploración. Allí estuve yo. Cuando vienen buscándote, no quieren lo normal, lo cotidiano. Eso lo tienen en su casa. A mí me buscan para cruzar la frontera. Recuerdo una diputada que me pidió lluvia dorada y jamás comprendí la expresión de alucinada que mostraban sus ojos. Extraños tipos los políticos.
Como decía, los polvos pueden ser de muchas clases, rápidos, potentes, suaves, lentos, de dominio, de sumisión. En unos los humanos nos sentimos demonios, en otros parecemos hormigas y en solo en casos muy contados, con los dedos de la mano, aparece el polvo con alma. El polvo del amor, lo que llaman hacer el amor. Este ejercicio se práctica con muy poca frecuencia. En la mayoría de las ocasiones follamos con la cabeza, con la mente guiando nuestros pasos. Entonces, siempre encontramos un adjetivo para definir lo que hemos conseguido, como hemos triunfado. Sin embargo, de lo que hablamos es del sexo con alma. Pues bien, no se si será el alma, pero lo que si se produce es un absoluto desconcierto. Por que no controlamos nada, todo nos sobrepasa y al final, la muerte súbita, el orgasmo de tu vida.
No se si serán mi ojos azules, mi complexión atlética. Quizás mis metro ochenta de estatura o tal vez mis veintidós centímetros. Lo cierto es que he abandonado al ciudadano de a pie. No maneja grandes cantidades de dinero, no aporta cash, como lo llaman ahora. Yo solo trato con autoridades y a ser posible líderes. Esa es mi especialidad y en eso me he forjado. Una dieta sana, ejercicio, toda clase de ayudas extras y vaya si soy uno de los mejores. Nadie me conoce. Nadie sabe que existo. Preguntenles por mí, a ellos. Nadie le responderá. A los efectos me consideran una leyenda urbana y así debe continuar.
La seguridad acompaña mis actos. Por ejemplo el 1 de Diciembre de este año, pude contemplar a un aprendiz de detective fotografiando a uno de mis clientes. Realice dos llamadas telefónicas y mis amigos se pusieron en marcha. El secreto y la seguridad es una de las claves de mi negocio.
Una vez , en un pueblo de Madrid. Nos llamaron a dos de nosotros. Se habían celebrado unas elecciones y repartido el pastel, tanto la futura oposición, como el gobierno. Cada uno quería lo suyo. Esa noche, nuestros anfitriones cerraron las dependencias municipales a cal y canto. Eso sí, se hicieron rodear de un número de fieles policías para que nadie molestara. Los muy depravados llevaron a sus mujeres y comenzó la fiesta. Alcohol, drogas, juguetes, de verdad que esos sujetos valían para la política. La orgía degeneró hasta la extenuación. A las cinco horas, mi compañero tuvo que salir hacia urgencias. Algunos ya presentaban moratones. Yo debía resistir, en ello me jugaba mi prestigio y creánme que repartí. Le dí a cada uno lo suyo, como me pedían. Al fin y al cabo ha sido uno de mis mejores trabajos.
Días después, les observe en un acto público. Discutían como locas, se reprochaban la medalla de la honradez, por que cada uno pensaba que tenía más derecho a llevarla que el otro. Sus caras desencajadas me recordaron aquel día. Ni por un momento mostraban su verdadero rostro, el verdadero dolor, la delgada línea del máximo placer y la rabia. Se presentaban ante la ciudadanía como lo que eran, un divertido grupo de actores consagrados.
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