jueves, 23 de diciembre de 2010

El discurso de la dimisión.

Supongo que nosotros también tenemos corazoncito, que también nos estremecemos ante los actos nobles de la noble gente. Supongo que aprendimos en los peores colegios, el fino arte el camaleonismo, de la insidia y la traición, como hacerte cambiar de opinión en un periquete, en una décima de segundo. Interpretamos el papel que queráis: Hoy podemos ser Otelo, mañana Don Quijote o si os quedáis más tranquilos Sancho Panza. Ya no nos conformamos con ínsulas, ni baratarias, ni caras.Lo queremos todo. Si te gusta la biología, desplegamos de la misma forma nuestros encantos: el pavo real, la serpiente, el león o el tigre y si nos das dos monedas más incluso el domador. Ningún animal, ningún personaje de circo nos es ajeno Podemos transformarnos en cualquier cosa  Aunque solo lo haremos por ti. Pero...¿Acaso pensabais que actuaríamos de otra forma. ¿No fuimos los más guapos? ¿No proyectabamos todos vuestros deseos e ilusiones? ¿No prometíamos mejor que nadie? Entonces, ¿Porqué no robaros la esperanza?.

Supongo que no comprendereís estas palabras. Es lo que hay y no damos para mucho más. Usted pensaba que firmaba un contrato con nosotros, que establecíamos una relación recíproca. Se equivocaba. Esto no tiene valor jurídico, no hay relación sinalagmática, son condiciones generales llenas de letras pequeñas, de silogismos y frases ininteligibles. Usted se limita a firmar y nosotros ya haremos lo que nos da la gana. Que quiere un programa, nosotros le ofrecemos un programa. Que quiere un proyecto nosotros le proyectamos todo. Que quiere una licencia, primero pase por caja. Que ha conseguido un coche, nos lo paga. Que quiere aprender artes y oficios, joder, pues búsquese un maestro. Que no lo encuentra, nos los dice, adelante su jornal y nosotros intermediamos. Eso sí las quejas del servicio al maestro armero. Así de claro y así de fácil.

Pero esto no es lo peor. Ahora viene el Jefe y me dice que me pire, que ya no valgo para esto, que dimita. Queda claro, la pata la mete él, yo pago los platos rotos. La decisión no me correspondía, la responsabilidad sí. Todos tan contentos. Yo desaparezco de la escena política hacía un exilio dorado, hacía un destino mejor remunerado y todos respiramos tránquilo. Mi jefe ha demostrado que ha tomado medidas contra el corrupto. O sea yo, yo que no he visto ni la décima parte del negocio. Vale, yo lo asumo. Me lo fumo, lo consumo y lo gasto. ¿Cual es mi cámara? La verdad que tengo un hermoso perfíl.

En eso estamos. Más lo que más rabia me da...que sea yo quien da la cara. Claro Manolito, sin confesión no hay redención. Sin inmolación pública no se produce la catarsis. No basta con desaparecer a la francesa. Chavalito sales a los medios y sueltas un discurso. El arrepentimiento, la presunción de inocencia, lo dificultoso de nuestras decisiones....que se yo. Todas esas cosas que quedan tan bien. Si un buen discurso nadie se cree nada. ¿Lo entiendes, no?

De esta forma, aprovecho para fecilitarles las navidades y les indico que este es mi discurso de dimisión. He aprovechado la sesión plenaria por cortesía de mi Alcalde para indicarles que a pesar de todo fuí un hombre bueno.
Hasta pronto mis queridos votantes.

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