martes, 14 de diciembre de 2010

En estado de alarma.

Perplejo, como un idiota ensimismado se quedó fijo frente al televisor. Por un momento no podía creerlo, el gobierno había decretado levantar el estado de alarma nacional, había decidido militarizar el espacio aéreo Total nada, a nuestro amigo la noticia le sonaba a botas militares, a pistolas desenfundadas a fanfarrias y marchas. En la cabeza se le agruparon comportamientos dictatoriales, recortes de derechos civiles, como si de un régimen totalitario se tratara.

Como no era un individuo que se conformara con interpretaciones sencillas, dejo que su máquina de análisis político corriera como un caballo desbocado. Los controladores no son el problema. Los ciudadanos secuestrados en el aeropuerto no son el problema. La anunciada privatización de los aeropuertos no es el problema. El problema es la continuidad en el poder. Nuestro protagonista razonó una vez más. Si nadie protesta, si nadie dice nada y el gobierno consigue a golpe de pistola que un colectivo trabaje por la fuerza sin espectativas laborales, sin cobrar por su trabajo, bastará la simulación de un conflicto de mayor o menor entidad para provocar el estado de excepción (ataque terrorista de Al queda, conflicto territorial con Marruecos, rebelión en penambuco, etc). Y entonces....ni elecciones municipales, ni congreso, ni comunidad europea. Nadie sacara del poder a los mandamases actuales. Nadie se atreverá a decir esta boca es mía. El plan perfecto de unos alumnos aventajados del tal Gooelbe...els. Si, joder, ese, el de los nazis.

Extrajo de la mesilla de su habitación una agenda de mano. Rápidamente seleccionó los teléfonos de los amigos más allegados. Primera llamada, la señal se prolongó durante unos segundos sin que nadie contestará al otro lado. Segunda llamada, más de lo mismo. ¿Qué sucedía? ¿Estarían sus líneas pinchadas? La adrenalina de su cuerpo se disparó por mil. Joder, aquí pasa algo gordo.

Por fin, contestaron.

- ¿Dime?
- Te cuento mi teoría.
- Tío, que estamos de puente.

Como un orador exquisito, relató punto por punto cada una de sus tesis. Moduló su voz, la doto de solemnidad, hizo un especial énfasis en cada uno de los momentos del plan y finalmente espetó a su receptor:

- ¿Qué te parece mi teoría?
- Muy conservadora.

Colgó exaltado. "Madre mía, cuanto estúpido"

No hay comentarios:

Publicar un comentario