miércoles, 12 de enero de 2011

En estado de alarma II.

- Como te lo decía, han sido ellos. ¿Acaso lo dudabas? Esto no es nada más que el principio. A mí que al fulano le venían buscando. Aquí alguien maneja información muy jugosa y nos lo estamos perdiendo. Yo no buscaría muy lejos. Que la oposición contaba con un topo parece claro, que en el propio gobierno, no se fían unos de otros, también contaba con ello. Lo que nadie contaba, un tiro en la nuca. ¿Qué es esto, Sicilia?
- Bueno, no lo tengo tan claro. Un ajuste de cuentas, drogas, jaleos de pueblo. No lo veo. ¿Por qué debe tener un matiz político? Que el tipo anduvo de policía, O.K. Que siendo jubilado llevaba un tren de vida por encima de la media. Pues claro. Pero de eso ...al asesinato político. La verdad que falta un buen trecho.

- Te repito, que aquí van a pasar cosas muy raras, muy duras. A mí que no se celebran elecciones. Que esta gente va a perder mucho. Que deben perpetuarse en el poder como sea. ¿Tu crees que van a dejar la bicoca así como así? ¿Dónde va esta gente en el mercado privado? Ni oficio, ni beneficio, nadie les quiere. ¿Quién les va a querer? Treinta mil eurazos al año, no se los ofrece nadie. Estos son una costra y morirán pegados al sillón.

- Venga tío, que no se lo puede creer nadie. Que roban, vale. Que se quedan con una pequeña comisión, vale. Como decía algún autor sudamericano la corrupción es el engranaje que permite funcionar el sistema. Pero..la eliminación física. ¡Que no¡.

- Me pasas el expediente de la abuela.

- Toma, me lo han pedido recursos humanos.

- A que lo investigo y lo resuelvo en dos semanas.

- No hay nada que resolver. Por que no ha sido un delito.

- Bueno, tú te crees que soy gilipollas. ¿Y la pistola?

- Accidental.

- Tú no votas a estos, que va. Como se te ve el plumero.

- ¿Yo...?

Durante días continuó la incertidumbre. Aquel pueblo no se encontraba preparado para sucesos violentos como aquel. Se prepararon funerales oficiales y se recordó a la víctima como un esforzado agente de la seguridad ciudadana. Algún que otro enemigo depositó flores sobre su tumba y en especial una de las personas que conocía la verdad cayó enfermo. Se le podía ver sudando a todas horas, sin control de sus actos, ciertamente alterado, irascible. En sus tareas con la ciudadanía nunca estaba para nadie.

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